
CARTA DE UNA MADRE SOLTERA
PARA SU HIJO
Hijo,
hoy que ya no eres más un niño,
y vamos saliendo,
- entre maltrechos y heridos -
del duro campo de batalla
en el que nos colocó la vida.
Quiero pedirte perdón,
antes que abandones el nido
o cierres la puerta
de tu sensible corazón,
por no haber sabido ser
la madre:
dulce, serena y suave
que seguramente hubieras querido
Perdón por todos los disgustos
que tuviste que pasar
mientras intentaba
desesperadamente ser,
el brazo fuerte o la mano
que te guiaría.
Perdón por todas las veces
que tuviste que llorar.
Y todo aquello que asumiste sin hablar,
cuando la frustración y el desencanto
me carcomían y me enfrentaban
con la dura realidad.
Sé que en ternura no he sido
lo mejor que te pudo tocar,
pero quizás de otro modo
nunca hubiera conseguido
hacer de papá y mamá.
Perdón por todas las veces
que en silencio me sentiste llorar.
- entre maltrechos y heridos -
del duro campo de batalla
en el que nos colocó la vida.
Quiero pedirte perdón,
antes que abandones el nido
o cierres la puerta
de tu sensible corazón,
por no haber sabido ser
la madre:
dulce, serena y suave
que seguramente hubieras querido
Perdón por todos los disgustos
que tuviste que pasar
mientras intentaba
desesperadamente ser,
el brazo fuerte o la mano
que te guiaría.
Perdón por todas las veces
que tuviste que llorar.
Y todo aquello que asumiste sin hablar,
cuando la frustración y el desencanto
me carcomían y me enfrentaban
con la dura realidad.
Sé que en ternura no he sido
lo mejor que te pudo tocar,
pero quizás de otro modo
nunca hubiera conseguido
hacer de papá y mamá.
Perdón por todas las veces
que en silencio me sentiste llorar.
También vas a perdonar
mi falta de sabiduría,
al no haber sabido tener
esperando por ti un hogar
pues ahora sé que vas a llevar
muy dentro de ti,
heridas que nunca voy a poder
compensar.
mi falta de sabiduría,
al no haber sabido tener
esperando por ti un hogar
pues ahora sé que vas a llevar
muy dentro de ti,
heridas que nunca voy a poder
compensar.
Reconozco haber pensado
solo en mí,
en aquella hora cuando decidí
en aquella hora cuando decidí
por los dos,
apostarle a la vida:
!A cara o Cruz!
tu destino y el mío
a cambio de un utópico
sueño de felicidad.
Si entonces ya hubiera sabido
que un hijo mío merecía
mucho, mucho más!
no me hubiera convencido
que en la vida
tan solo bastaba con amar.
Más por gracia de Dios
hemos llegado hasta aquí:
Tú, apuesto y erguido,
ahora convertido
en el delirio de las jovencitas.
Yo, resuelta y segura,
llevando para siempre
grabada en mi memoria
apostarle a la vida:
!A cara o Cruz!
tu destino y el mío
a cambio de un utópico
sueño de felicidad.
Si entonces ya hubiera sabido
que un hijo mío merecía
mucho, mucho más!
no me hubiera convencido
que en la vida
tan solo bastaba con amar.
Más por gracia de Dios
hemos llegado hasta aquí:
Tú, apuesto y erguido,
ahora convertido
en el delirio de las jovencitas.
Yo, resuelta y segura,
llevando para siempre
grabada en mi memoria
la lección aprendida.






